Llevo una cantidad notable de tiempo queriendo escribir esta entrada. He amasado últimamente un montón considerable de pensamientos e ideas sobre el tema de la religión, la existencia o no existencia de Dios y el significado en sí del concepto de divinidad y como además son ideas que provienen de distintas áreas -filosofía, psicología, antropología, incluso biología evolutiva- parece buena idea dejarlo por escrito, ordenar el cajón de sastre y poner al abasto de quien quiera ver un punto de vista alternativo mi visión del tema. Here we go.
Me considero ateo. En torno a la duda razonable que parece levantar la existencia de Dios, uno diría que lo más prudente sería mantenerse en un cómodo agnosticismo -"no tengo ni idea y tampoco quiero calentarme mucho la cabeza así que no me mojo"- pero no es mi caso.
Aunque no caigo en lo obtuso de negar de una forma categórica la existencia de Dios -al igual que un jurado ante la falta de pruebas tiende más a declarar al acusado "no culpable" antes que "inocente"- no puedo negar que el simple uso de la argumentación lógica en torno a la idea o concepto de Dios desmonta gran parte de dicha idea, por tanto, he de considerar que dentro del espectro "Dios no existe" a "No lo podemos saber" me decanto ligeramente por el primer bando.
¿Por qué? Bueno, dejando aparte los casos concretos de religiones concretas -curioso que cada una elabore un Dios distinto y todas quieran tener razón- preferiría centrarme en una imagen neutra de Dios, un concepto más bien ecléctico, o consensuado, como lo podríais llamar: un ente omnipotente, previo a la creación del universo y muy probablemente, de existir, responsable de dicha creación.
Razón número uno: dejando aparte nuestro obvio desconocimiento de otras formas de vida más allá de las basadas en el carbono, y de otras formas de vida alienígenas al planeta Tierra, podemos decir que tenemos un relativo conocimiento sobre los organismos de nuestro planeta. Existe un amplio consenso científico en torno al mecanismo evolutivo como explicación de los cambios en la vida desde el principio hasta nuestros días. Planteamos, pues, que la vida se origina a partir de la aparición, primero, de organismos unicelulares, que a lo largo de un amplio lapso de tiempo mutan y originan organismos pluricelulares, apareciendo desde este punto todas las amplias ramificaciones que forman los distintos reinos. Organismos simples sirven como punto de partida para organismos progresivamente complejos mediante el mecanismo de la evolución.
El concepto de Dios hace flaquear esta idea. La ubicación de un ser divino, omnipotente y probablemente omnisciente y omnipresente desafía la compleja taxonomía biológica, puesto que es difícil imaginar que un bicho así tenga una base física. Y aunque no la tuviera, ¿no resulta chocante que el ser más complejo del universo entero, un ser con suficientes recursos e inteligencia para crear todo el universo, existiera antes del universo mismo? ¿No es ello poner la pirámide de la evolución al revés? ¿Y en caso de que existiese, desde qué organismos evolucionó? Dios parece puesto con calzador en este esquema, entrando en el modelo ordenado y lógico de la vida como un elefante en una cacharrería.
Razón número dos: el concepto de Dios en sí tiene sus raíces en una necesidad cultural y puramente humana -ni idea si otras formas de vida inteligente se han planteado siquiera achacarle a un Dios el marrón de crear el mundo- como es explicar lo desconocido. Ante la incapacidad de recabar información empírica para explicar los hechos naturales -la vida, la muerte, las catástrofes naturales- o bien se define el suceso como inexplicable o se le atribuye a algo que es, a su vez, inexplicable. Ahí es donde el concepto Dios tiene su juego y su origen: en una visión primitiva e ingenua del mundo donde Dios acciona una palanca y las cosas suceden. Es fácil, puestos en esta perspectiva, concluir que Dios es una idea propuesta por un ser humano troglodita y en pañales, muy lejano de los medios necesarios para un pensamiento crítico, científico y cercano a la verdad.
Razón número tres: éste es, creo yo, el campo de batalla más duramente machacado en cuanto a la existencia o no existencia de Dios se refiere: la presencia de evidencia.
Las personas religiosas suelen mantener que no hay pruebas de la no existencia de Dios -que no las hay- cuando la carga de probar la presencia de algo puramente extraordinario recae sobre quien propone dicho algo. Y la ausencia de evidencia a favor, desde el juicio científico habitual, si bien no emite un juicio absoluto sobre que Dios no exista -podríamos ser incapaces tecnológicamente de obtener esas pruebas a favor, por ejemplo- sí que inclina la balanza, y muy notablemente, hacia un "no".
Usando un ejemplo ligeramente demagógico, si por esa falta de pruebas de que Dios NO exista asumimos que Dios SÍ existe, automáticamente abrimos la puerta a afirmar que existen los unicornios, los dragones, los leprechauns, los trolls, el monstruo del lago Ness, Bigfoot, los banqueros honrados y las cuñadas adorables. Pero no lo afirmamos, ¿verdad?
Obviamente podemos abalanzarnos sobre ese resquicio de que "no puedes probar que no exista" pero me parece una pérdida de tiempo y de ilusiones. En la inmensa mayoría de ámbitos científicos la ausencia de evidencia se interpreta como la ausencia de la existencia de facto, y simplemente se asume que el objeto/variable/relación/loquesea estudiado no existe. Curiosamente, en lo que a Dios se refiere nos empeñamos en empujar y empujar ese pequeño agujero teórico, como si en la ínfima duda razonable que queda se tuviera que hallar necesariamente la verdad.
Apoyándome en estos tres argumentos y evitando caer en falacias y fanatismos en la medida de lo posible suelo asumir que Dios no existe. No lo afirmo categóricamente pero es la postura más razonable a mi forma de ver a la vista de los hechos. Quedan aparte los cultos concretos, las supersticiones, el pensamiento mágico y el resto de tonterías -y cogiendo perspectiva parece claro que lo son- en los que la gente parece tan obstinada en caer. No soy doctor en nada y no pretendo sentar cátedra con estas notas sino sólo arrojar un poco de luz al tema y una opinión personal que me lleva hirviendo por dentro desde hace un tiempo. Estaré encantado de iniciar un debate sobre esto con quien sea, siempre que no me persiga con un crucifijo afilado. Besotes y buenas noches.
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martes, 18 de marzo de 2014
la inopia de lo divino
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martes, 28 de mayo de 2013
A Dios lo que es del César y al César lo que es de todos.
Durante toda esta semana he estado especialmente sensible con el tema de la religión. Quizá sea por las declaraciones de Martínez Camino, portavoz de la Conferencia Episcopal, que considera "totalitario" oponerse a las clases de Religión. Quizá sea por las palabras de los obispos, que han dejado de disimular y exigen que dichas clases mantengan una labor evangelizadora y no sólo académica. Quizá sea por el nombramiento de 8 exorcistas para la diócesis de Madrid "ante la avalancha de casos de influencia demoníaca". Entre unas cosas y otras, he ido fraguando la idea de esta entrada y tocar un poco el tema, pues hay mucha materia que me gustaría tratar.
A los 11 años entré en un colegio concertado de mi pueblo -religioso, por supuesto- a cursar 1º de ESO, por temas de conveniencia geográfica. Vamos, que me quedaba justo al lado de casa. Por suerte, mis padres no son especialmente cristianos así que no fue ése el motivo del ingreso.
Entré a dicho colegio creyendo en Dios. No en un Dios cristiano exactamente, pero al menos compartía con muchos la idea de cierta voluntad universal, cierto flujo bondadoso de vida y destino que ataba nuestros corazones entre sí y los llenaba de amor. El deísmo natural que nos surge a todos de niños, más por ignorancia que por auténtica fe, vaya. El caso es que mis creencias no duraron mucho allí, pese a que fuese, paradójicamente, un colegio religioso. Quizás fue por la edad, quizás fue el acné o las hormonas, quizás fueron las monjas que nos decían que la homosexualidad era una enfermedad mental, quizás fueron los "partes de convivencia" que se emitían cuando un estudiante no quería ir a misa, quizás fueron las monjas -otra vez- que nos instaban con bastante mala leche a arrodillarnos, rezar, comulgar y ser completamente formalitos en misa, quizás fueron los powerpoints con fotos de fetos destrozados en plena campaña antiaborto...
El tema es que entré creyente y salí ateo. Y poco a poco, de ateo evolucioné a una postura más anticlerical y, con la que está cayendo, no quería, pero estoy descubriendo que me he vuelto bastante antirreligioso en general. Y aunque mi adolescencia y mi vida os importen una mierda, creo que entenderéis que hay razones para ello.
Yendo a lo básico, ¿qué sentido tiene la religión? Me pregunto qué sentido tiene construir tanto tu sistema moral como tus convicciones y creencias en torno a algo que:
1. Bebe fundamentalmente de escrituras o enseñanzas milenarias escritas por personajes más o menos históricos, las cuales son profundamente metafóricas, contradictorias y fantasiosas -como si Tolkien se hubiera puesto manos a la obra con otra trilogía, vaya- además de machistas, racistas, y violentas. Por no seguir.
2. Cree que sólo su Dios y su credo son los auténticos, los únicos válidos, y negarse a creer en ellos implica o bien arder en el infierno o bien una maldad intrínseca. Todo ello habiendo no pocas religiones en el mundo, a bote pronto Adherents.com registra 4200 religiones diferentes en su base de datos, siendo 22 las que cubren las creencias del 98% de la población mundial. De entre todas ellas, curiosamente cada una quiere tener el monopolio de la verdad religiosa absoluta.
3. Cree que, a escala cósmica, somos significativos para una entidad divina, pese a ser habitantes de un pequeño planeta (ni siquiera el más grande) de un pequeño sistema solar situado en uno de los brazos de una de las cien mil millones de galaxias que se estima que existen en el universo observable.
En este punto dejo a juicio del lector si la religión puede ser algo, de entrada, basado en argumentos de tipo lógico-racional aparte de en la mera fe. Ya no planteo la existencia de Dios (ese tema daría para hablar largo y tendido), sino de ceñirse a un credo y a una religión en sí. Mi opinión la tengo muy clara y creo que vosotros también.
No es juicio mío determinar si la moral de otra persona está bien o mal. Puedo opinar, pero no soy quién para juzgar. Cada uno sabrá en qué basa su código vital, aunque, obviamente, mi opinión va a estar ahí.
El principal problema de la religión estriba en que no se desenvuelve en un entorno cerrado. La religión tende a expandirse, a ganar territorio, "evangelizar" que dirían mis queridas profesoras de antaño. Y al evangelizar no sólo busca ganar adeptos sino poder político, y desde este poder político, articular el Estado y la sociedad desde una perspectiva puramente religiosa. Así, al fundirse con el poder político no sólo se extiende la superstición como ley, sino que aparecen las grandes lacras de la política. Codicia. Tiranía. Represión. Y la religión se convierte, encima, en una excusa para las mismas.
Históricamente, por fortuna, la cosa ha ido -más o menos- en una dirección moderadamente racional. Ya no somos teocracia, como en el Siglo de Oro -manda huevos con el nombre- pero aún así estamos muy pero que muy lejos de ser un país laico. A bote pronto me viene a la mente la LOMCE, tan fresca como un salmón de temporada, con su Religión computable para nota media y todo lo que ello implica, entre otras cosas poner la Religión a la altura de las ciencias a nivel académico. Hablamos de una asignatura destinada a la evangelización, ni más ni menos, por no mencionar los sueldos de los profesores de religión, provenientes del erario público.
Otra razón para negar el laicismo del país es el pastizal que la Iglesia y sus organismos asociados (no olvido, y ahora menos, que más allá de formalismos, los catequistas, sacerdotes y obispos cacarean a toda hora que Iglesia es TODA la comunidad de creyentes):
Fuente: XTantas
A los 11 años entré en un colegio concertado de mi pueblo -religioso, por supuesto- a cursar 1º de ESO, por temas de conveniencia geográfica. Vamos, que me quedaba justo al lado de casa. Por suerte, mis padres no son especialmente cristianos así que no fue ése el motivo del ingreso.
Entré a dicho colegio creyendo en Dios. No en un Dios cristiano exactamente, pero al menos compartía con muchos la idea de cierta voluntad universal, cierto flujo bondadoso de vida y destino que ataba nuestros corazones entre sí y los llenaba de amor. El deísmo natural que nos surge a todos de niños, más por ignorancia que por auténtica fe, vaya. El caso es que mis creencias no duraron mucho allí, pese a que fuese, paradójicamente, un colegio religioso. Quizás fue por la edad, quizás fue el acné o las hormonas, quizás fueron las monjas que nos decían que la homosexualidad era una enfermedad mental, quizás fueron los "partes de convivencia" que se emitían cuando un estudiante no quería ir a misa, quizás fueron las monjas -otra vez- que nos instaban con bastante mala leche a arrodillarnos, rezar, comulgar y ser completamente formalitos en misa, quizás fueron los powerpoints con fotos de fetos destrozados en plena campaña antiaborto...
El tema es que entré creyente y salí ateo. Y poco a poco, de ateo evolucioné a una postura más anticlerical y, con la que está cayendo, no quería, pero estoy descubriendo que me he vuelto bastante antirreligioso en general. Y aunque mi adolescencia y mi vida os importen una mierda, creo que entenderéis que hay razones para ello.
Esta imagen levantará ampollas en más de uno.
Yendo a lo básico, ¿qué sentido tiene la religión? Me pregunto qué sentido tiene construir tanto tu sistema moral como tus convicciones y creencias en torno a algo que:
1. Bebe fundamentalmente de escrituras o enseñanzas milenarias escritas por personajes más o menos históricos, las cuales son profundamente metafóricas, contradictorias y fantasiosas -como si Tolkien se hubiera puesto manos a la obra con otra trilogía, vaya- además de machistas, racistas, y violentas. Por no seguir.
2. Cree que sólo su Dios y su credo son los auténticos, los únicos válidos, y negarse a creer en ellos implica o bien arder en el infierno o bien una maldad intrínseca. Todo ello habiendo no pocas religiones en el mundo, a bote pronto Adherents.com registra 4200 religiones diferentes en su base de datos, siendo 22 las que cubren las creencias del 98% de la población mundial. De entre todas ellas, curiosamente cada una quiere tener el monopolio de la verdad religiosa absoluta.
3. Cree que, a escala cósmica, somos significativos para una entidad divina, pese a ser habitantes de un pequeño planeta (ni siquiera el más grande) de un pequeño sistema solar situado en uno de los brazos de una de las cien mil millones de galaxias que se estima que existen en el universo observable.
En este punto dejo a juicio del lector si la religión puede ser algo, de entrada, basado en argumentos de tipo lógico-racional aparte de en la mera fe. Ya no planteo la existencia de Dios (ese tema daría para hablar largo y tendido), sino de ceñirse a un credo y a una religión en sí. Mi opinión la tengo muy clara y creo que vosotros también.
No es juicio mío determinar si la moral de otra persona está bien o mal. Puedo opinar, pero no soy quién para juzgar. Cada uno sabrá en qué basa su código vital, aunque, obviamente, mi opinión va a estar ahí.
El principal problema de la religión estriba en que no se desenvuelve en un entorno cerrado. La religión tende a expandirse, a ganar territorio, "evangelizar" que dirían mis queridas profesoras de antaño. Y al evangelizar no sólo busca ganar adeptos sino poder político, y desde este poder político, articular el Estado y la sociedad desde una perspectiva puramente religiosa. Así, al fundirse con el poder político no sólo se extiende la superstición como ley, sino que aparecen las grandes lacras de la política. Codicia. Tiranía. Represión. Y la religión se convierte, encima, en una excusa para las mismas.
Históricamente, por fortuna, la cosa ha ido -más o menos- en una dirección moderadamente racional. Ya no somos teocracia, como en el Siglo de Oro -manda huevos con el nombre- pero aún así estamos muy pero que muy lejos de ser un país laico. A bote pronto me viene a la mente la LOMCE, tan fresca como un salmón de temporada, con su Religión computable para nota media y todo lo que ello implica, entre otras cosas poner la Religión a la altura de las ciencias a nivel académico. Hablamos de una asignatura destinada a la evangelización, ni más ni menos, por no mencionar los sueldos de los profesores de religión, provenientes del erario público.
Otra razón para negar el laicismo del país es el pastizal que la Iglesia y sus organismos asociados (no olvido, y ahora menos, que más allá de formalismos, los catequistas, sacerdotes y obispos cacarean a toda hora que Iglesia es TODA la comunidad de creyentes):
Profesores de religión y otros cargos religiosos: el Estado
aporta 500 millones de euros para pagar los sueldos de 33.440 profesores de
religión, más 17 millones de euros para los sueldos de capellanes en cuarteles,
hospitales y cárceles. A esto hay que añadir las indemnizaciones que ha tenido
que abonar el Ministerio a los catequistas, en respuesta a sus reclamaciones.
Conciertos educativos: existen 2.376 centros concertados (el
80% de los centros privados), con 1.368.237 alumnos y 80.959 profesores. En
total, 3.200 millones de euros.
Exención de impuestos: le supone un ahorro a la Iglesia de
750 millones de euros, considerados a efectos de estos cálculos como una ayuda
más del Estado a la Iglesia.
Donación de solares para templos: en Valencia se han cedido
al menos 10 parcelas en la última década.
Ayudas directas a la Iglesia para el sostenimiento de su
patrimonio artístico e inmobiliario: 280 museos, 103 catedrales o colegiatas
con cabildo y casi mil monasterios. Las administraciones públicas en 2005
gastaron 200 millones de euros para obras de conservación o reforma.
Desgravación de los donativos: las donaciones a la Iglesia
Católica desgravan un 25% del IRPF (caso de personas físicas), y un 35% del
Impuesto de sociedades (caso de personas jurídicas). Pero el Estado devuelve a
los fieles, y por tanto aporta, el 25% (o el 35%) de esa cantidad. Esto supone
71 millones de euros.
Asignación tributaria (0,5239% del IRPF)
|
129 Mill. €
|
Complemento estatal
|
13 Mill. €
|
Profesores de religión y otros cargos religiosos
|
517 Mill. €
|
Conciertos educativos
|
3.200 Mill. €
|
Exenciones de impuestos
|
750 Mill. €
|
Sostenimiento de patrimonio artístico e inmobiliario
|
200 Mill. €
|
Desgravación de donantes
|
71 Mill. €
|
Fuente: XTantas
Haced la suma, chatines. De todas estas cifras, la asignación tributaria es la única en la que el ciudadano puede manifestar su parecer, marcando o no la casilla en el IRPF. En cuánto a los conciertos educativos y el patrimonio artístico e inmobiliario, se esgrime el argumento de que ésto le arregla dinero al Estado, tanto en presupuestos educativos como en restauraciones varias. Mi pregunta entonces es, si el Estado financia de forma tan generosa estos pormenores, ¿por qué no son públicas las Iglesias? ¿Por qué tampoco lo son los concertados?
Y por último pero no menos importante, está este detallito, una minucia ná más, este pequeño pedacito de BOE donde podemos leer que "el Estado entregará mensualmente a la Iglesia
Católica la cantidad de 13.266.216,12 euros". Por no mencionar la exención del IBI que el ejecutivo del PP garantiza a la Iglesia, con total libertad para pasarse este gravamen por el forro.
El fondo del asunto, fuera de los bailes de cifras de Internet y los bulos de una y otra parte que corren a una distancia de dos clics en Google, es el simple hecho de que el Estado financie una superstición con el dinero del contribuyente. Si se tratara de escuálidas sumas me parecería ya inadecuado, pero a este nivel me parece a todas luces una barbaridad.
¿Qué razón nos empuja a financiarla? ¿La caridad? La Iglesia Católica per se no aporta nada a Cáritas: de la financiación de la ONG, un 0'15% proviene del Fondo Interdiocesano, y un 0'76% de Organismos diocesanos. Esto hace un 0'91% del presupuesto general que proviene de fuentes paralelas a la Iglesia, aunque Cáritas no los haga figurar como 'Iglesia Católica'.
¿Es la educación de sus colegios concertados? La intervención directa de la religión en materia educativa no ha probado mejorar los resultados académicos, y debo decir que a nivel personal lo dudo bastante. La educación se mejora con profesores mejor formados, mayor coordinación entre departamentos educativos, un plan de estudios sólido y un presupuesto a la altura.
¿Es la calma de la ansiedad de los españoles, como dice TVE? Si hemos de encomendarnos a ídolos de madera y murmullos vacuos en lugar de a la razón, el apoyo psicológico y la mejora real de las condiciones de vida, apaga y vámonos.
En un Estado legítimo la Iglesia Católica no tendría nada que decir y no se le aportaría un céntimo como institución, ni a ella ni a sus organismos asociados de cariz religioso. No se debe permitir que una institución homofóbica, manipuladora y ferviente enemiga del progreso científico y moral esté alimentada por el dinero del contribuyente. A título personal considero esto el mínimo de democracia que debemos exigir.
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