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lunes, 17 de febrero de 2014

c'est la vie

Vivir es el más fino de los artes. La quintaesencia de los propósitos. Vivir es lo que da base, preguntas, respuestas y forma a nuestra misma existencia. El acto mismo de vivir en sí es casi un acto de rebeldía en la mayoría de las situaciones. Un grito de guerra, un motín contra la violencia que somete cada ápice del día a día y nos quiere sumisos bajo un manto de cadenas, atados a un sinfín de apatías, miedos, inseguridades, titubeos y depresiones diversas. Y estaréis de acuerdo conmigo en que ello no es vivir. 

Y sin embargo no podríamos vivir sin esas pequeñas heridas. No podríamos vivir sin el dolor, sin una opresión implícita y constante que derive de la vida misma. No habría razón en continuar la batalla si no hay terreno que ganar. Por eso la vida es un eterno perder, porque nunca ganamos del todo, y a la vez una eterna victoria, porque cada palmo de tierra en el que clavamos nuestra bandera es una gota de triunfo en las papilas. 

Llegarán las horas bajas en las que te canses de luchar. Veces en que la ira, el orgullo, la ferocidad no sean gasolina suficiente para un motor cada vez más viejo y deteriorado. Veces en que un velo de derrota caiga, eterno y lleno de sorna, cubriendo tus facciones y empapando tu mirada de una bruma gris. Y te fallarán las rodillas y súbitamente parecerá que no queda ya nada por lo que ir a la guerra, porque todo está perdido, porque ninguna fuerza es suficiente.

Y sin embargo ahí queda, ahí queda esa pequeña brasa, ese fulgor diminuto que se resiste a apagarse. Ese pequeño estallido que da vigor a nuestra caldera. Ese calor interno que sube desde el vientre y toma tierra detrás de los ojos, iluminándolos como pavesas humeantes, en un ciclo infinito de vapor que nutre nuestra maquinaria y alienta nuestro tesón. 

Porque siempre quedan problemas y obstáculos, pero siempre queda un gramo de músculo en los brazos para empujarlos hacia atrás.
Para batallar desde el primero hasta el último día de vida.
Para ser temerario, orgulloso, impávido, nunca invicto pero siempre inexorable.
Y esa voluntad de vivir en todo su significado, ese brío de la mente y claridad de la mirada, ese grito interno, esa rabia enfocada, esa marea de ambición, todos y cada uno de los actos de valentía que permiten que la vida siga y cada día brille más, también son arte en su máximo exponente. Y también lo eres tú. 

viernes, 13 de septiembre de 2013

This.

Piensas demasiado.

Eso me han dicho siempre. Eso me han dicho cada vez que me planto ante alguien y me sincero y digo "tengo un problema". Que pienso demasiado. Y es cierto. Sin embargo, apenas le doy dos vueltas a la frase, no hallo calma. ¿Pienso demasiado? Sí. ¿Cómo si no voy a encontrar soluciones? ¿Hay otra manera de abordar una situación que lanzarse de cabeza?

He crecido en un entorno de padres que trabajaban desde pequeños, donde el trabajo manual era vital, así como la iniciativa. Y lo son, pero no lo son todo. Uno termina pensando que la única forma de solucionar los propios problemas es intentar controlarlo todo. Ceñir la incertidumbre con cadenas. Pero hay una verdad mayor, y es que la incertidumbre no se deja encadenar por nadie. Aunque no la soportes. Aunque te esté matando por dentro. Deja de pensar demasiado, porque la incertidumbre va a estar ahí siempre y vas a vivir con ella, quieras o no.

Así que deja de preocuparte, deja de calcular cada paso que das, deja de medir las palabras en todo momento, deja de lado el qué dirán, el qué pensarán. Marca tu propio camino, soluciona aquello que puedas y, si no puedes, no mueras. No te dejes arrastrar por la incertidumbre porque es una forma fácil y barata de caer en depresiones estúpidas. Sal del pozo, gatea, camina y corre. Te queda muchísima vida por delante y no es algo que puedas dejar que se manche. Si has de pensar demasiado, que sea en aquello que tienes, no en lo que no. Porque lo que tienes es algo que puedes disfrutar ahora mismo y lo que no tienes no va a aparecer por mucho que llores.

Acepta las derrotas con calma y té y celebra las victorias con euforia y cerveza fría. Sal adelante aun con todo a tus espaldas y convierte los muros en trampolines. Si te preocupas, que sea por las cosas que puedes solucionar fácilmente, y nada más. Si te enamoras, que te dure lo justo para saber si vale la pena probar. Si follas, que sea para hoy y mañana ya veremos. Si haces planes y expectativas, que no te definan ni te aten.

Quizá cuando tengas todo esto en mente podrás dejar de pensar demasiado, y te darás cuenta de que has ganado.

miércoles, 28 de agosto de 2013

En route.

Hay días para la duda y días para la claridad. Establezcamos unos hechos con cierta certeza: ha sido mi año de mierda. No tanto por los problemas sino por mi forma de afrontarlos. Y es que, joder, no es algo que tampoco pueda negar: sigo siendo como un niño. Sigo siendo demasiado fácil de asustar. Da miedo reconocer ese hecho, la propia fragilidad, y aún más redundar en lo mismo: las vueltas y vueltas al propio miedo, ahondar más en dicha debilidad.
Probablemente no te des cuenta, pero terminas siendo el mismo chiste del que huyes. Terminas encaramándote a tu montañita de retórica y lírica, justificando con palabras vacías tu propia mediocridad. Y bien, de todo se cansa uno.

Voy a volver a construir. Ha sido un verano demasiado destructivo. Alguien ha de volver a la carretera y dejar las cosas en su sitio. Ojalá pudiera refugiarme de nuevo en esperanzas vacuas y en volver a abrazos y besos que fui dejando atrás, pero nadie va a dar el paso por mí, nadie va a decidir. Mi vida, mi lucha, mi camino. Y quien se acerque de buena fe y quiera construir conmigo, será bienvenido.

Nos vemos en route.

domingo, 22 de abril de 2012

El balance

Si alguna vez me habéis visto ir de perfecto, cruzadme la cara de un puñetazo, me lo he ganado. Si el concepto de decente me resulta ajeno, el de perfecto me resulta tan lejano como la luna a un perro callejero. La perfección me habría ahorrado muchas cosas, muchos engaños, fallos, nervios, frustraciones y destrozos varios. También me habría vetado el camino a aprender de lo fallido, a tener el ojo puesto donde debo y mantener las esperanzas en su medida justa. Pero aún así, aprendiendo, no dejo de ver que soy mucho menos de lo que debería.

Soy egoísta, neurótico, temo a la soledad, soy inconstante, propenso a volverme adicto, mi autoestima siempre está pichí pichá, me aburro rápido de las cosas y mi humor es a veces una montaña rusa. Intento pulir los defectos cada día, pero ahí están, y quién me conozca los notará.
Siempre hay a quien no le importan mis defectos y que sé que estará ahí siempre, o casi, pero ni tan sólo eso me quita el miedo, el miedo de seguir toda mi vida limitado por mí mismo, por mis pocas luces y mi falta de visión y ambición.

Quiero hacerme una promesa a mí mismo, y mantenerla en vilo, en alto, como un juramento irrompible. No quiero alzar el vuelo del día a la mañana, porque no puedo. No soy un halcón. Pero puedo ser una hormiga e ir construyéndome. Lentamente, día a día. Abriendo túneles nuevos. Sorteando obstáculos. Hacerme tan completo como pueda.

Traedle un trampolín, el perro callejero quiere tocar la luna.

sábado, 11 de febrero de 2012

dontforget

Tenemos una extraña tendencia a creernos invencibles. Cuando todo parece ir bien, cuando sientes el control sobre todo cuanto te rodea, cuando cada cosa parece encajar en el gran rompecabezas de la vida. Es como si la prudencia se convirtiera en un mero y prescindible accesorio, nada importante, nada que fuera a salvarte la vida en momentos de duda o peligro. Si nada puede dañarte, si no puedes morir, ¿para qué ser cuidadoso?

Os confesaré algo. Soy invencible. Sí, lo soy. Puedes destrozarme físicamente, y me curaré. Puedes machacar mi psique y mi autoestima, y seguiré en pie. Puedes dejarme solo, abandonado en mitad del invierno, y conseguiré salir de la ventisca. Porque sé que puedo con todo ello.

No es eso lo que me aterra. Me aterra quedarme cojo de por vida si me destrozas. Me aterra convertirme en un neurótico sin autoestima ni seguridad psicológica alguna. Me da pánico ser un solitario incapaz de confiar en quien me tienda la mano.
El proceso es temporal, finito, pasajero, pero las consecuencias pueden ser vitalicias. Es eso lo que no quiero ser. Soy consciente de cada tara que me marca, de cada palabra insultante que he dicho, de cada mala cara o gesto de desprecio que ha esbozado mi rostro, pero también soy consciente de que no quisiera arrastrar todo ello durante toda mi vida.

Quisiera llegar a ser mejor de lo que soy en un futuro. Llamadlo mi proyecto, mi iluso proyecto, que quizás llegue a buen puerto o quizás no. Pero es lo único en lo que puedo confiar a veces. Que la tormenta terminará. Que las nubes se irán. Que no me dejarás solo.

domingo, 22 de enero de 2012

glugluglu

Perdí hace tiempo la cuenta de las veces que me he quedado estancado. Como si casi sin darte cuenta te metieras en un pozo de barro y cada paso te sumergiera más y más, hasta que las arcillas te llegaran al cuello y apenas tu cabeza quedara fuera del cieno apestoso.
No siempre es fácil salir. A veces puedes calmarte y salir tú mismo, otras pueden echarte una cuerda desde afuera, otras simplemente te quedarás flotando, quieto, hasta morir de inanición. En otras te sumergirás completamente y sufrirás un hediondo paro cardiorrespiratorio.

Sí, se puede. Siempre he creído (aunque luego me vea incapaz de aplicármelo) que cada momento de peligro, crisis, cada piedra en el camino viene acompañado de una sana oportunidad por renovarse, hacer las cosas bien, sortear el obstáculo e incluso salir fortalecido. La teoría, como de costumbre, resulta fácil. La práctica...

En cuántas ocasiones me habré sentido como una mierda, tirado en casa perdiendo un tiempo precioso, sin hacer absolutamente nada, dejando pasar miles y miles de ocasiones que podrían haberme hecho feliz durante un dorado segundo y no lo hicieron. Muchas veces he pensado que de mis 19 años 18 son tiempo perdido, y no estaría tan lejos de la realidad.

¿Qué hacer? Cada caso es completamente distinto. Cada uno conoce sus puntos fuertes y débiles, y si no lo hace, nunca es tarde para conocerse a uno mismo. Averiguar qué hiciste mal y ver en qué puedes hacerlo bien a partir de ahora.

Quizás funcione, quizás no. Pero intentarlo es mejor que ahogarse, ¿no?

domingo, 15 de enero de 2012

icemind

Llegados a cierto punto se empieza a considerar la derrota como una alternativa plausible. Quizás al ver todo en tu contra tu mundo se vuelve más pequeño, más acorralado, más consciente de toda la hostilidad que puede llegar a rodearte, y, en cierto modo, más realista.
Sabemos desde el principio que nada es tan bonito como lo pintan. Ni estudiar es un camino de rosas, ni el amor una novela romántica, ni se ha inventado un alcohol que no te deje la lengua como una esponja seca a la mañana siguiente.
A pesar de ello nos encabezamos en seguir adelante, lo intentamos una y otra vez, y como no puede ser de otra forma, fallamos. Caemos. Nos dejamos la piel de las rodillas contra el asfalto y las lágrimas nos dejan marca en las mejillas. Los pulmones se te llenan de tanto humo que no puedes ni respirar. Pero las rodillas se curan, las lágrimas se secan y el humo acaba saliendo y alza el vuelo como un cuervo gris.

¿Existe una batalla imposible de ganar, algo que nunca puedas conseguir? Es posible. Se dice a menudo que aunque perdamos esta batalla, ganaremos la guerra. Pero si piensas un poco, en toda guerra existen vencedores y vencidos.
Reza para no ser de los segundos.

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