Si alguna vez me habéis visto ir de perfecto, cruzadme la cara de un puñetazo, me lo he ganado. Si el concepto de decente me resulta ajeno, el de perfecto me resulta tan lejano como la luna a un perro callejero. La perfección me habría ahorrado muchas cosas, muchos engaños, fallos, nervios, frustraciones y destrozos varios. También me habría vetado el camino a aprender de lo fallido, a tener el ojo puesto donde debo y mantener las esperanzas en su medida justa. Pero aún así, aprendiendo, no dejo de ver que soy mucho menos de lo que debería.
Soy egoísta, neurótico, temo a la soledad, soy inconstante, propenso a volverme adicto, mi autoestima siempre está pichí pichá, me aburro rápido de las cosas y mi humor es a veces una montaña rusa. Intento pulir los defectos cada día, pero ahí están, y quién me conozca los notará.
Siempre hay a quien no le importan mis defectos y que sé que estará ahí siempre, o casi, pero ni tan sólo eso me quita el miedo, el miedo de seguir toda mi vida limitado por mí mismo, por mis pocas luces y mi falta de visión y ambición.
Quiero hacerme una promesa a mí mismo, y mantenerla en vilo, en alto, como un juramento irrompible. No quiero alzar el vuelo del día a la mañana, porque no puedo. No soy un halcón. Pero puedo ser una hormiga e ir construyéndome. Lentamente, día a día. Abriendo túneles nuevos. Sorteando obstáculos. Hacerme tan completo como pueda.
Traedle un trampolín, el perro callejero quiere tocar la luna.
domingo, 22 de abril de 2012
El balance
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sábado, 14 de abril de 2012
rawr
Días como estos. Días de risas, de besos, de trenes, madrugones, cocinar lomo a medianoche, empacharse al comer y sestear, tweets, miradas cómplices, pijamas de Superman, bragas de Batman, roces de piel, orgasmos, revolcones continuos, sábanas con migas de papas de bolsa, rastas que me arañan la cara, abrazos, oír un "enxoxaaaats" de fondo, reír juntos y volver a empezar.
Di lo que quieras, di que me ganas en Apalabrados, di que pierdes, la batalla que importa ya la hemos ganado. Los dos.
Grazie.
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viernes, 6 de abril de 2012
mehmehmeh
Hay veces en tu vida en que pierdes pie y caes rodando por una ladera hasta llegar al río de la apatía. Allí la corriente te lleva, te sumerge, te llena de agua los pulmones y aunque al principio luchas terminas dejándote llevar, tomándolo por inevitable.
Si hay un campeonato de apatía tengo por seguro que podría optar a candidato. Suena pesimista, pero no me suele salir todo bien, ni como querría, y en muchos casos aunque salga como quería el resultado me sabe a poco. Como cuando rebuscas en la nevera y sólo te han dejado la punta de la tableta de chocolate.
Juro que me gustaría acabar con ello. No hay varita mágica para esto, pero me gustaría saber que hay quien cuenta conmigo, que hay vida más allá del aburrimiento, que existen reinos de diversión que pueden sacarme de estar tirado en la cama. Espero que creer esto no sea un exceso de fe.
Una invitación no estaría de más, ni mucho menos ideas nuevas, refrescantes, algo accesible y divertido, unos días sabáticos, lejos, lo más lejos posible.
Un truco que me lleve a donde nunca suelo llegar.
Si hay un campeonato de apatía tengo por seguro que podría optar a candidato. Suena pesimista, pero no me suele salir todo bien, ni como querría, y en muchos casos aunque salga como quería el resultado me sabe a poco. Como cuando rebuscas en la nevera y sólo te han dejado la punta de la tableta de chocolate.
Juro que me gustaría acabar con ello. No hay varita mágica para esto, pero me gustaría saber que hay quien cuenta conmigo, que hay vida más allá del aburrimiento, que existen reinos de diversión que pueden sacarme de estar tirado en la cama. Espero que creer esto no sea un exceso de fe.
Una invitación no estaría de más, ni mucho menos ideas nuevas, refrescantes, algo accesible y divertido, unos días sabáticos, lejos, lo más lejos posible.
Un truco que me lleve a donde nunca suelo llegar.
viernes, 30 de marzo de 2012
Moraleja
Frecuentemente se dice que las personas muestran sus verdaderos rostros cuando la adversidad acecha. Esto, amigos, es una verdad como un templo.
Todo bicho viviente, llegado cierto tiempo, encuentra a otros bichos. Compartís afinidades, os reís un par de veces y ya creéis llevaros bien. En algunos casos os conoceís desde que sois larvas y el lazo se vuelve bastante estrecho.
Los llamas amigos. A las personas como yo nos cuesta mucho considerar a alguien "amigo", y no es una palabra que se pueda usar al azar. Amigo es quien ha soportado viento y marea a tu lado, quien te ha visto llorar y a quien has visto llorar. No es un título que se entregue al azar.
En ese grupo de amigos, siéndolo unos más que otros, llega, como no podría ser de otra forma, la adversidad. Un problemilla, un inconveniente, una brecha en el tejido de la rutina que como bien predijo Murphy llega justo cuando tienes el culo bien asentado en la silla y por fin te sientes en armonía con el universo.
Un problema. Bien, afrontémoslo, vayamos codo con codo juntos y colaboremos para solucionarlo. El problema se subraya cuando es precisamente uno de tus amigos el causante. Aún así, no tiene por qué llegar a holocausto. Se puede hablar.
¿Qué ocurre, pues, cuando el susodicho se niega a solucionarlo? Algo no va del todo bien. La simple lógica dicta que si todo estaba bien y de golpe y porrazo pasa a estar mal por algo que tú has hecho, la culpa es tuya, ergo, si no quieres arriesgarte al desprecio unánime del grupo deberías solucionarlo.
Reconozco que tengo mal genio, pero ante estas situaciones intento echar mano de una dosis de horchata en sangre. Soy de los que creen que todo problema tiene arreglo por peliagudo que parezca. Pero cuando el mismo causante no colabora...¡tenemos escalera!
Y cuando se parte el grupo en dos, a favor y en contra del causante...¡tenemos póker!
Hablas y hablas, los chats entran en ebullición, usas todos tus argumentos, intentas por activa y por pasiva, metes alguna amenaza sutil entre las líneas de buena educación, y... NADA.
Resulta que tus amigos se niegan a entenderte.
Resulta que la culpa, después de haber estado sufriendo por culpa de un cambio desencadenado por ellos, es TUYA.
Resulta que para ellos vales tan poco que reconocer el error (ya ni hablemos de enmendarlo) es un coste demasiado caro.
Te cagas en Hobbes por haber tenido tanta razón en sus ensayos y tiras la toalla. Au revoir, arrivederci, sayonara. Caes en la cuenta de que amigos era un epíteto poco apropiado. Los verdaderos amigos son los que durante la criba han movido un dedo por ti, no los que no.
Moraleja: júntate con quien te apoye y por quien valga la pena pasarlo mal, porque sabes que ante la adversidad reaccionarán como es debido. A todos los demás, tenlos por lo que son. No por otra cosa.
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