Noches desveladas. En que el único culpable del calor agobiante de la cama eres tú mismo, tú solo.
Noches sin nadie que lance una cerilla encendida a través de la oscuridad. Sin tregua, sin gestos. La pura contienda entre tus dudas estalla. Tus ojos se secan de mirar un techo a oscuras.
Un ruido gris cabalga por el cielo pero aquí abajo no puedes verlo. La única compañía de esta habitación zumba torpemente y chupa sangre. No hay caras amigas impresas en el blanco y muerto gotelé.
No hay luz tuya esta noche, esta vez no.
miércoles, 7 de octubre de 2015
don't go down to sorrow
lunes, 28 de septiembre de 2015
red light means go
Hay días en que no eres realmente tú. Me refiero a cuando la tierra sigue rotando sobre su eje pero eres incapaz de seguirle el ritmo y te quedas atrás. Cohibido y con la boca tornada en mueca, con las sienes martilleando por el síndrome de abstinencia, en franco desaliento.
Días en que ser mínimamente gregario se antoja una odisea, en que los deseos parecen más fuera de alcance que nunca. Apuras el vaso, y tu mente está lejos de allí, probablemente en tu casa, en el monte, quién sabe dónde.
Hay días en que el mundo es un código de barras incapaz de aceptar tus grises. Polarizado y frío, con puertas blindadas caminando por ahí en lugar de personas. Y tú, de todos, eres el pequeño núcleo sensible del momento, y te sientes más de carne que nunca. Frágil y etéreo, rodeado por el tenaz viento.
La música suena y el tempo se sostiene dentro de tus tímpanos, pero tú te niegas a bailar a su son. Quizá no es el momento, quizá te duela la barriga, quizá sientas los ojos secos, la lengua acartonada, tus tobillos y rodillas siendo pequeños ángulos torpes de tu ser. Y no eres tan torpe, ni tan seco, ni tan negado, pero las circunstancias, las miradas evasivas, yo qué sé...
Hay días en que eres un satélite frío y árido orbitando a solas y consumiendo cigarro tras cigarro, cerveza tras cerveza. La anhedonia está pegada a tu ser y nada de lo que tomas parece realmente cambiar nada. Disfrutar es un verbo en lengua extranjera, y entiendes entonces el sentido que cobran las drogas en el mundo.
Hay días en que te sientes alienígena a la Tierra misma, pero quién sabe, quizá a veces tenemos que sentirnos de allí para ser de aquí.
Días en que ser mínimamente gregario se antoja una odisea, en que los deseos parecen más fuera de alcance que nunca. Apuras el vaso, y tu mente está lejos de allí, probablemente en tu casa, en el monte, quién sabe dónde.
Hay días en que el mundo es un código de barras incapaz de aceptar tus grises. Polarizado y frío, con puertas blindadas caminando por ahí en lugar de personas. Y tú, de todos, eres el pequeño núcleo sensible del momento, y te sientes más de carne que nunca. Frágil y etéreo, rodeado por el tenaz viento.
La música suena y el tempo se sostiene dentro de tus tímpanos, pero tú te niegas a bailar a su son. Quizá no es el momento, quizá te duela la barriga, quizá sientas los ojos secos, la lengua acartonada, tus tobillos y rodillas siendo pequeños ángulos torpes de tu ser. Y no eres tan torpe, ni tan seco, ni tan negado, pero las circunstancias, las miradas evasivas, yo qué sé...
Hay días en que eres un satélite frío y árido orbitando a solas y consumiendo cigarro tras cigarro, cerveza tras cerveza. La anhedonia está pegada a tu ser y nada de lo que tomas parece realmente cambiar nada. Disfrutar es un verbo en lengua extranjera, y entiendes entonces el sentido que cobran las drogas en el mundo.
Hay días en que te sientes alienígena a la Tierra misma, pero quién sabe, quizá a veces tenemos que sentirnos de allí para ser de aquí.
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jueves, 13 de agosto de 2015
daydreaming
Tengo sueños recurrentes. El tipo de sueño que te mantiene soñando de día y despierto de noche. Sueño con una carretera con fin concreto, con una ensenada de cariz tétrico donde descansar.
He perseguido ese lugar durante toda mi corta vida y lo único que echo de menos es no haberte podido llevar allí. Perdimos los mapas junto con los papeles y ojalá -sólo ojalá- algún día pasemos por ese mismo punto del camino, y nuestras cosas aún cuelguen de las ramas de un olivo.
El lugar al que me refiero tiene paredes transparentes y se respira aire fresco, y por las mañanas te despierta el sol. La cerveza abunda y las estrellas sacan destellos a tu sonrisa. La suciedad no es un problema ni por fuera ni por dentro y por fin, al fin, en fin, puedes expresar la congestión que te estrangula el alma. El grito sordo y primario que da origen a tus pulsiones. Y el calor al dormir no es un problema porque ningún cuerpo debería estar obligado a dormir solo.
Recuerdo en mis sueños soñar de pie y caminando a través de calles medio iluminadas, y la sien latiendo a intervalos cortos, pum, pum, y el corazón como un metrónomo contando las razones para largarme. Recuerdo la esquina donde torcer para ir a tu casa y gritarte susurros al oído para que nos vayamos.
Si la vida es corta que sean cortos los planes, y si la vida es un caos que lo sean también nuestros caminos.
Quizá así al final se crucen. En aquel lugar.
Donde las estrellas riegan las hojas de los árboles y bajo la luna hasta la porquería se convierte en arte.
He perseguido ese lugar durante toda mi corta vida y lo único que echo de menos es no haberte podido llevar allí. Perdimos los mapas junto con los papeles y ojalá -sólo ojalá- algún día pasemos por ese mismo punto del camino, y nuestras cosas aún cuelguen de las ramas de un olivo.
El lugar al que me refiero tiene paredes transparentes y se respira aire fresco, y por las mañanas te despierta el sol. La cerveza abunda y las estrellas sacan destellos a tu sonrisa. La suciedad no es un problema ni por fuera ni por dentro y por fin, al fin, en fin, puedes expresar la congestión que te estrangula el alma. El grito sordo y primario que da origen a tus pulsiones. Y el calor al dormir no es un problema porque ningún cuerpo debería estar obligado a dormir solo.
Recuerdo en mis sueños soñar de pie y caminando a través de calles medio iluminadas, y la sien latiendo a intervalos cortos, pum, pum, y el corazón como un metrónomo contando las razones para largarme. Recuerdo la esquina donde torcer para ir a tu casa y gritarte susurros al oído para que nos vayamos.
Si la vida es corta que sean cortos los planes, y si la vida es un caos que lo sean también nuestros caminos.
Quizá así al final se crucen. En aquel lugar.
Donde las estrellas riegan las hojas de los árboles y bajo la luna hasta la porquería se convierte en arte.
jueves, 9 de julio de 2015
manillas rotas
Dices verano y el piloto del aire acondicionado chisporrotea.
La quejumbre del mediodía pesado como el plomo te persigue hasta dentro de los trenes. Cada traqueteo es una sinfonía. Cada eco de tus párpados, un minuto que muere.
Y nos dedicamos a ver el tiempo morir, en sus mil formas y disfraces. A sentir la cerveza hirviéndote las sienes, A que el sol naciente sea nuestro heraldo y las resacas nuestras consecuencias.
A seguir los caminos que quieres seguir porque el tiempo disfrutado es lo único que parece detener los relojes. A retener el grano de arena de la clepsidra en caladas, tragos, besos, mordiscos y las muecas que preceden a las carcajadas. A lanzarte de cabeza a los pozos porque has aprendido que las noches de tu vida son tan naturales como los días y que no puedes levantarte si no has dado un traspiés.
Llevas cicatrices de sol junto a los callos en las manos y las ojeras de no dormir por el calor que ya son tan parte tuya como tu costumbre de pillar resfriados. Aprendes a guiarte por el tictac de las sístoles y diástoles como el aprendiz de músico se guía por el metrónomo y simplemente persigues, persigues aquel grano, para que no muera, para sostenerse en un vacío corporal que nos salve del vacío existencial.
Y que si no podemos rebobinar el momento, lo hagamos durar para siempre.
La quejumbre del mediodía pesado como el plomo te persigue hasta dentro de los trenes. Cada traqueteo es una sinfonía. Cada eco de tus párpados, un minuto que muere.
Y nos dedicamos a ver el tiempo morir, en sus mil formas y disfraces. A sentir la cerveza hirviéndote las sienes, A que el sol naciente sea nuestro heraldo y las resacas nuestras consecuencias.
A seguir los caminos que quieres seguir porque el tiempo disfrutado es lo único que parece detener los relojes. A retener el grano de arena de la clepsidra en caladas, tragos, besos, mordiscos y las muecas que preceden a las carcajadas. A lanzarte de cabeza a los pozos porque has aprendido que las noches de tu vida son tan naturales como los días y que no puedes levantarte si no has dado un traspiés.
Llevas cicatrices de sol junto a los callos en las manos y las ojeras de no dormir por el calor que ya son tan parte tuya como tu costumbre de pillar resfriados. Aprendes a guiarte por el tictac de las sístoles y diástoles como el aprendiz de músico se guía por el metrónomo y simplemente persigues, persigues aquel grano, para que no muera, para sostenerse en un vacío corporal que nos salve del vacío existencial.
Y que si no podemos rebobinar el momento, lo hagamos durar para siempre.
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