lunes, 28 de septiembre de 2015

red light means go

Hay días en que no eres realmente tú. Me refiero a cuando la tierra sigue rotando sobre su eje pero eres incapaz de seguirle el ritmo y te quedas atrás. Cohibido y con la boca tornada en mueca, con las sienes martilleando por el síndrome de abstinencia, en franco desaliento.
Días en que ser mínimamente gregario se antoja una odisea, en que los deseos parecen más fuera de alcance que nunca. Apuras el vaso, y tu mente está lejos de allí, probablemente en tu casa, en el monte, quién sabe dónde.

Hay días en que el mundo es un código de barras incapaz de aceptar tus grises. Polarizado y frío, con puertas blindadas caminando por ahí en lugar de personas. Y tú, de todos, eres el pequeño núcleo sensible del momento, y te sientes más de carne que nunca. Frágil y etéreo, rodeado por el tenaz viento.

La música suena y el tempo se sostiene dentro de tus tímpanos, pero tú te niegas a bailar a su son. Quizá no es el momento, quizá te duela la barriga, quizá sientas los ojos secos, la lengua acartonada, tus tobillos y rodillas siendo pequeños ángulos torpes de tu ser. Y no eres tan torpe, ni tan seco, ni tan negado, pero las circunstancias, las miradas evasivas, yo qué sé...

Hay días en que eres un satélite frío y árido orbitando a solas y consumiendo cigarro tras cigarro, cerveza tras cerveza. La anhedonia está pegada a tu ser y nada de lo que tomas parece realmente cambiar nada. Disfrutar es un verbo en lengua extranjera, y entiendes entonces el sentido que cobran las drogas en el mundo.

Hay días en que te sientes alienígena a la Tierra misma, pero quién sabe, quizá a veces tenemos que sentirnos de allí para ser de aquí.

jueves, 13 de agosto de 2015

daydreaming

Tengo sueños recurrentes. El tipo de sueño que te mantiene soñando de día y despierto de noche. Sueño con una carretera con fin concreto, con una ensenada de cariz tétrico donde descansar.
He perseguido ese lugar durante toda mi corta vida y lo único que echo de menos es no haberte podido llevar allí. Perdimos los mapas junto con los papeles y ojalá -sólo ojalá- algún día pasemos por ese mismo punto del camino, y nuestras cosas aún cuelguen de las ramas de un olivo.

El lugar al que me refiero tiene paredes transparentes y se respira aire fresco, y por las mañanas te despierta el sol. La cerveza abunda y las estrellas sacan destellos a tu sonrisa. La suciedad no es un problema ni por fuera ni por dentro y por fin, al fin, en fin, puedes expresar la congestión que te estrangula el alma. El grito sordo y primario que da origen a tus pulsiones. Y el calor al dormir no es un problema porque ningún cuerpo debería estar obligado a dormir solo.

Recuerdo en mis sueños soñar de pie y caminando a través de calles medio iluminadas, y la sien latiendo a intervalos cortos, pum, pum, y el corazón como un metrónomo contando las razones para largarme. Recuerdo la esquina donde torcer para ir a tu casa y gritarte susurros al oído para que nos vayamos.

Si la vida es corta que sean cortos los planes, y si la vida es un caos que lo sean también nuestros caminos.

Quizá así al final se crucen. En aquel lugar.

Donde las estrellas riegan las hojas de los árboles y bajo la luna hasta la porquería se convierte en arte.

jueves, 9 de julio de 2015

manillas rotas

Dices verano y el piloto del aire acondicionado chisporrotea.
La quejumbre del mediodía pesado como el plomo te persigue hasta dentro de los trenes. Cada traqueteo es una sinfonía. Cada eco de tus párpados, un minuto que muere.
Y nos dedicamos a ver el tiempo morir, en sus mil formas y disfraces. A sentir la cerveza hirviéndote las sienes, A que el sol naciente sea nuestro heraldo y las resacas nuestras consecuencias.

A seguir los caminos que quieres seguir porque el tiempo disfrutado es lo único que parece detener los relojes. A retener el grano de arena de la clepsidra en caladas, tragos, besos, mordiscos y las muecas que preceden a las carcajadas. A lanzarte de cabeza a los pozos porque has aprendido que las noches de tu vida son tan naturales como los días y que no puedes levantarte si no has dado un traspiés.

Llevas cicatrices de sol junto a los callos en las manos y las ojeras de no dormir por el calor que ya son tan parte tuya como tu costumbre de pillar resfriados. Aprendes a guiarte por el tictac de las sístoles y diástoles como el aprendiz de músico se guía por el metrónomo y simplemente persigues, persigues aquel grano, para que no muera, para sostenerse en un vacío corporal que nos salve del vacío existencial.

Y que si no podemos rebobinar el momento, lo hagamos durar para siempre.

viernes, 8 de mayo de 2015

fish tits, titty fish

¿Por dónde íbamos?

Estuve rozando los cielos con la punta de mis escaleras, pero con peldaños de cristal nunca subes demasiado alto. Caí y desde entonces lo repito con peldaños de fertilizante.
Repito y repito y el calendario ya no cuenta nada porque los días son para quienes pueden ver el sol salir. Mi sol no encuentra la salida del laberinto porque los guardianes lo tienen amenazado.
Soy tantas cosas que me caben las respuestas en los dedos de una mano. Soy complejo como lo es el cerebro de una oveja. Quizá use aquél: el mío me pidió un reemplazo por correo certificado pero el cartero estaba demasiado borracho para traerlo a tiempo.

Vaya, y qué: los problemas vuelven como las estaciones del polen y en cada estornudo hay un amigo que no serás capaz de recuperar. El mejor cerebro tiene alas y lo llaman golondrina porque siempre sabe encontrar su puto sitio. De qué me sirven mis alas si son de papel y el viento las mece como la túnica del verdugo. Soy el almirante de un navío y me han dado a cuatro paletos con piedras para hundir la Armada Invencible. Soy un héroe de época y la víctima de la misma. Odiábamos a nuestras familias porque al menos ellas tenían un pasado.

Fuimos jóvenes hasta el momento en que empezamos a dejarnos libros por leer. Yo, yo fui un adjetivo y me mantuve indefinido hasta el final. El del registro me tatuó gilipollas en la frente por si las dudas. Trámites legales, ya sabes. El de detrás de la cola se intenta colar y el imbécil se ha llevado el claxon de su coche de imbécil para joderte más y mejor. Nunca has iniciado una pelea pero vives con las ganas de partirle los dientes a tantísima gente.

Cuando vuelves solo a casa sólo ves gatos y quisieras vivir bajo cartones para parecerte a ellos. Fríos y solos como gatos pardos, como aquel iceberg con sentimientos que se derretía en sus contradicciones.


Si me conocieras tendrías un portal a varias dimensiones pero en ninguna de ellas hablan tu idioma. En sus lenguas faltan todas las palabras que te sobran a ti. No te fijarías si yo fuera la luna llena porque son las cuatro de la tarde y el más fuerte de los candiles apenas brilla ante la luz de una hoguera. Tienes toda la información del mundo pero no sabes nada de mí. Sabes cuándo me rompieron el corazón pero no de qué son los bordes de mis piezas. No te hablo por miedo y si terminamos follando probablemente sea por lo mismo. La lupa del final de la botella es un catalejo si lo que buscas son los tesoros que nadie quiere. El alfa y la omega discuten ebrios en mitad de la acera de la gran ciudad sobre cómo llegar a casa y acurrucarse en una cama que nunca fue suya, para despertar con resaca en un mundo que nunca necesitó principio ni final para seguir girando.

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